El ser humano es extraordinario
sábado, 12 de julio de 2008, 17:53
Reza un anuncio de una bebida refrescante: “el ser humano es extraordinario”. Una gran verdad hasta para el tema que hoy queremos dejar por escrito. Las noticias se preñan o abortan cifras voluptuosas de Apocalipsis económica, y claramente optamos por no pararnos a pensar. Cambiar el canal con la máxima de “ojos que no ven, corazón que no siente” (el bolsillo tampoco, eso parece). Nos llegan las cartas del banco, donde nos anuncian o recuerdan los créditos impagados, la subida de los intereses de las hipotecas y las rompemos alegando “posible uso publicitario del correo”.

Eso sí, cada medio día, las cafeterías y terrazas rebosan personas ahorcadas o no con corbatas, con nóminas ajustadas como pantalones en tiempos de bonanza, dejándose los cuatro cuartos que restan en sus monederos en la publica y social actividad de la caña. Los fines de semana todos los centros comerciales, con sus rebajas extraordinarias y carteles de colores fluorescentes embuten en sus pasillos seres absortos en la cura del consumo para la enfermedad de la crisis. Ante la carencia, el derroche. Ante los problemas, la inconsciencia.

Pero no pasa nada, nunca pasa nada. Sostenemos uno de los endeudamientos más grandes de Europa, una inflación “estrella”, se nos acumula la destrucción de empleos, y en vez de empezar a tomar conciencia, reunificamos deudas a intereses rozando la usura, estiramos el plástico de nuestras tarjetas y sobre todo que no se note nunca “que no podemos gastar”. Al final, que no podemos gastar sabiendo que nadie puede gastar y que saben que nosotros tampoco.

“el ser humano es…” ¡Extraordinariamente humano! Y en tiempos de crisis (o el millón de sinónimos) nuestras peculiaridades, vacíos mentales, inteligencias carentes de sentido común y nuestro comportamiento ante todo social, nos demuestran, que podemos llegar a sorprendernos a nosotros mismos. Estaría bien mentar la frase de canción de festival infantil “antes muerta que sencilla”. Para algunos parece un principio irrefutable.



Rafael–José Díaz: entre lo universal y lo vivido
domingo, 29 de junio de 2008, 14:56
Los filósofos griegos clásicos ya defendían en sus razonamientos éticos el principio del “justo medio” como forma unívoca de actuar frente a otros, y ante nosotros mismos. Quizás la poesía es más dada a los excesos, a los extremos de la realidad sentimental del autor consigo mismo y con los “tú” poéticos. Rafael–José Díaz nos demuestra en su más reciente obra, Antes del Eclipse, publicada en la prestigiosa firma editorial Pre-Textos, que el verso puede estar cargado de verdades y aun así defenderse en sí mismo con exacta medición de las palabras y con formas equilibradas.

Estamos en un tiempo poético de innumerables tendencias tan dispares como sus formas o sus códigos. Si algo comienza a tomar cierta fuerza en las corrientes poéticas es la creación con lenguaje cotidiano y acercamiento a la realidad vivida del poeta. Poesía del mundo en el mundo. Rafael nos presenta una escritura sincera, vivencial, sin tocar límites confesionales. Con un gusto exquisito para la elección del vocabulario, tanto en significado como en sonido, el poeta nos entrega dos obras: la que está compuesta en verso y la que se ofrece en prosa poética.

La primera de éstas se nos presenta con un vocabulario carnal o corpóreo: Abrazos, cuerpo, frente, huellas, labios, boca, espalda, nuca y mano. Las imágenes pasionales, o posteriores a la pasión nos describen un mundo siempre en torno al lecho, a veces en compañía, y otras en el recuerdo de ese instante. “Desnúdate. En la fragua / el calor sofocante empaparía / tus ropas de un sudor que yo prefiero / beber directamente de tu piel.” . Podríamos recordar con esos versos otros cargados de indiscutible ardor desde la memoria, como son los del poeta Jaime Gil de Biedma en sus tantas composiciones dedicadas a esos instantes posteriores al deseo: “Junto al cuerpo que anoche me gustaba / tanto desnudo, déjame que encienda / la luz para besarse cara a cara, / en el amanecer.” Así el poeta de la generación del 50, entre el surrealismo y la poesía de la experiencia, nos describe sus íntimas fogosidades a la vez que confiesa la incertidumbre del momento posterior al deseo. Otra voz que se reconoce entre las páginas de este libro, especialmente en los pasajes amatorios es la de la poetisa Olvido Valdés que, en su poema Dormías. De modo natural, genera una distancia, se convierte en asistente a la imagen, y vuelve a tomar el presente como recuerdo visible del pasado “Dormías. De modo natural / cerré la puerta. Estabas en mi casa / y eras más clara de lo que fuiste / y también era clara la penumbra / de aquella habitación. Buscaba yo / otra cosa y cerré sin ruido comprobando / que ya no tenía voz…”

Entre esos versos se encuentra el poema que da nombre al libro Antes del eclipse, en el que el autor se confiesa incrédulo ante la poesía que se acerca a los acontecimientos. La poesía que habla casi del presente. “Este instante cualquiera: en otro tiempo / pensé que nunca llegaría a hablar / de algo tan sencillo”. En Material Memoria (1979) José Ángel Valente se sitúa ante su creación como un lector que no controla lo que escribe, se sitúa como espectador, dando así la razón a la afirmación de que la poesía nace antes incluso de la escritura, y así lo referencia la profesora de la Universidad de Georgetown Laura López Fernández en su estudio titulado El esencialismo poético en José Ángel Valente. Esto queda patente en estos versos de Rafael–José Díaz, donde él mismo queda sorprendido por lo que le llama a componer el poema. Entiende su propia evolución creativa, pero se marca una distancia reflexiva, para afirmar cómo “algo tan sencillo” puede ser parte de su poesía.

La prosa poética, tan al uso en estos tiempos más narrativos que versados, nos ofrece una creación coherente y perfectamente hermanada con la poética. Con ritmos marcados y céleres, dejando atrás la contemporánea aniquilación de la frase larga, y apostando por la extensión para vitalizar los textos, Rafael-José Díaz nos entrega fragmentos tan exquisitos como este: “Todo sin nombre, soplo puro emanado desde fuera del tiempo hasta un tiempo cuyo nombre era dolor, soledad, abandono”. Así el poeta cierra uno de sus textos con un ritmo trepidante, pero con palabras de sufrimiento en el alma del lector y peso en el oído. Juegos interesantes como los que en este aperitivo se pueden disfrutar en torno a la figura del tiempo se hacen comunes, genialmente comunes, en los textos del autor.

En toda la obra las imágenes del universo, del mundo en sus distintas dimensiones, se entrelazan con el pequeño mundo, con el propio, con el ser humano. Desde visiones de la luna, las nubes, las estrellas, hasta cierta fijación por el paso del tiempo: anteponerse a él, posicionarse en distintos momentos del horizonte temporal, cuestionarlo. Por otra parte las fotografías de lo vital, y a veces rutinario, como los amaneceres, las calles, las ciudades, son otras de las realidades que el poeta entrelaza con las más abstractas cuestiones.

Desde 1997, año en que apareciera su primer libro de poemas, El canto en el umbral (Madrid, Calambur), la carrera de este poeta destaca por su coherencia, su amplia pero cuidada producción, y además, por su magnífica labor como traductor exquisito y activista cultural, con ejemplos tan cercanos como el ciclo 'Jóvenes poetas en Agüimes', celebrado en 2005 y 2006 y el ciclo 'Paisajes, palabras, territorios. Jóvenes poetas en la isla', que se está celebrando en el Colegio de Arquitectos de Canarias, Demarcación de Tenerife, durante este año.

El éxito colectivo
domingo, 29 de junio de 2008, 14:55
Hace ya algunas semanas, comentaba mi bueno amigo y escritor, Juan Carlos de Sancho, que volvía sorprendido de su viaje por Argentina. Nos contaba la importancia que, para una comunidad de jóvenes artistas con los que tuvo el placer de charlar, tenía la colectividad de la creación, pero también del éxito.

La vida, la historia, la economía, y dicen que muchas otras realidades del universo y las ciencias funcionan por la teoría del péndulo o de los ciclos. Nunca se ha de estar en el justo medio. Vamos de un extremo al otro sin paradas en ningún rincón del espectro ondulante.

La literatura no ha sido la excepción. Desde épocas en que el anonimato era base de la concepción artesanal, pero no artística, de la obra. Momentos en que la persona a quién iba dirigida la creación importaba más que de quién partía. Hasta el capitalismo galopante de una literatura de mercado, donde a veces se destaca más el nombre del autor en el libro que el título de la obra. Desde la inexistencia de la firma, hasta la ego-firma.

Nos hemos olvidado quizás de algo tremendamente importante. Ya en la filosofía y en la ética se defiende como uno de los principios básicos el “respeto” o la “respectividad”. Lo que parece evidente en su acepción más común no es otra cosa que nuestro “ser respecto a otros”. Evidentemente somos seres sociales, y nos conformamos de la experiencia y conocimientos adquiridos por esa interrelación personal continua en la que vivimos o sobrevivimos.

Por tanto somos individuos. Aquello que creamos y lo que aportamos a la sociedad nos pertenece casi en su totalidad. No debemos olvidar que en alguna medida, y no seré yo quien aporte porcentajes a la literatura de “derechos colectivos de autor”, le debemos a la colectividad nuestro arte. Nuestras lecturas, conversaciones, las historias que nos circundan, el dolor que nos aflige por culpa de otros, nada de eso parte de nosotros mismos a la obra. Se nos aporta por “ser respectivos”.

Muchos conflictos y guerrillas de “bandas literarias” se evitarían si supiéramos entender esto. Si tuviéramos conciencia que el éxito de un autor nos es de alguna manera propio, y que debemos alegrarnos por él, dado que su creación entra en nuestra sociedad de alguna manera como parte de un fondo común vital. No debemos adherir a la cultura la competencia feroz individualizada de otros mercados. No debería interesarnos. No nos aporta nada.

Magdalena Medina Benítez; Desvelada
domingo, 29 de junio de 2008, 14:54
El arte además de ser una forma de comunicación es una experiencia vital. Una óptica desde la cual ver el mundo, acercarse o generar distancias, vivir o sobrevivir el tiempo. Magdalena Medina Benítez nos ofrece un juego reflexivo con su exposición “Desvelada”. La artista nos propone entender la situación sufrida por miles de mujeres con sus velos y tabúes, en oriente y occidente, pero a su vez se convierte, no sólo en la creadora, sino en el medio de expresión.

Con una serie de autorretratos fotográficos, pero con tratamientos digitales y de acuarela, Magda se muestra en un desnudo potente contraído bajo un velo infranqueable, pero con la libertad de un viento y un cielo pleno. En otros casos es la cara de la artista, con esa mirada que no puedes esquivar, la que clama atención y cercanía.

Los colores, azules puros de cielos isleños y de ojos cargados de vivencias, o rojos de fuerza y desgarro preñando las formas, hacen ver todas las tonalidades posibles que, de un mismo momento, o de una misma persona, se pueden dar, haciendo de los mismos, una expresión de la propia subjetividad humana.

Pero es doblemente una obra de arte esta exposición. La artista comienza a crear la obra con una determinada intención, y se ve con el tiempo inmersa en una evolución de sensaciones al probar la convivencia, peso o ligereza, de los distintos velos. Se siente reina, pura, sensual. Por momentos encarcelada, vejada y triste. Es libre y mira al horizonte. Otras veces mira directamente al espectador buscando respuestas.

El pasado viernes tuvimos la oportunidad de gozar de esa obra en la Casa de Canarias en Madrid gracias al proyecto “Canarias Crea”, pero sobre todo, a la ilusión de Magda, las gestiones del pintor Andrés Delgado, y de otras tantas personas que han sabido empujar y aupar a Magda cuando un día, en una cuevita de Artenara, se reunieran y, casi a modo de encerrona, alguien obligara a mostrar sus creaciones.


La Degeneración de la Ministra “Aido/a”
domingo, 29 de junio de 2008, 14:53
El refranero español es claramente una fuente de sabiduría popular. Recientemente recordaba el tan conocido “de donde no hay no se puede sacar” al escuchar a esa nueva ministra tan “creativa” y tan “humilde”; La Ministra de Igualdad. Andamos esperando la creación de ministerios como los de “Libertad de Expresión”, “Presunción de Inocencia” u otros tantos principios fundamentales de La Constitución que no cuentan con ministerios – ni falta que hace –.

Mucho se ha escrito ya sobre “la miembra del Gobierno” y sus “grandezas lingüísticas”. Si todo pasara por un error, desconocimiento, o un “simple analfabetismo funcional”, casi nos atreveríamos a decir que no habría problema. Solución sencilla. Que le escriban los discursos y hable poco. Eso a muchos políticos les funciona.

Lo que más nos ha impresionado es que en una entrevista en la Cadena Ser, en vez de asumir su error, pues estoy seguro que todos los cometemos a cientos a pesar de nuestro amor al lenguaje, tachó a la Real Academia Española de “machista”. Según la “susodicha” la crítica había partido por una cuestión “de género”. Yo le diría que el error es una situación clara de “degeneración” del lenguaje.

Todos sabemos que los idiomas se forman y evolucionan gracias al uso de quienes lo tienen como expresión de su inteligencia. No nos cabe duda que ahora usamos términos que antaño fueron erróneos. Pero de ahí a jugar con el lenguaje para hacer política, me parece excesivo. A falta de ideas, conocimientos o propuestas, jugamos al despiste con las palabras. Lo más duro es escuchar con posterioridad frases como las de “los debates sobre las palabras son insustanciales”.

Con todos mis respetos a la clase política, no a la totalidad, pero si a una buena parte, los debates sobre las palabras son insustanciales, como son insustanciales sus discursos y declaraciones ante cualquier cuestión. Las mismas cuatro frases repetidas, con dos o tres claves que remachar para convencer al oyente, es lo que vacía de significado y sentido a las palabras en boca de quienes comen del erario público, y se ríen del público con sus falsas verdades o verdaderas mentiras.


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